La edad es el principal factor de riesgo


La valvulopatía puede ser congénita, es decir, que una persona puede contraerla al nacer, o se puede desarrollar en una etapa más tardía de la vida debido a daños provocados por la calcificación senil, otras enfermedades cardiovasculares o una infección. La edad es el principal factor de riesgo: una de cada ocho personas mayores de 75 años padece una valvulopatía de moderada a grave.

 

Síntomas de las valvulopatías


Muchos de los síntomas de las valvulopatías se desarrollan gradualmente y los pacientes suelen adaptar su estilo de vida para responder a ello o sencillamente los confunden con «cosas de la edad». Los síntomas cuando se sufre una valvulopatía pueden incluir:

  • Disnea
  • Dolor torácico u opresión torácica
  • Disminución de la actividad física
  • Fatiga
  • Taquicardia o arritmia cardíaca
  • Sensación de mareo o desvanecimiento después de un esfuerzo excesivo

Sin embargo, no todas las personas con valvulopatías muestran síntomas, aunque la enfermedad sea grave. Un indicador claro de valvulopatía puede ser la detección de un soplo cardíaco. A muchos pacientes se les diagnostica después de una visita a su médico de atención primaria, que ha escuchado el corazón con un estetoscopio. Si se detecta un soplo, se deriva al paciente a un especialista para someterlo a una ecocardiografía y recibir un diagnóstico más preciso.

 

Alternativas terapéuticas


Las valvulopatías se puede tratar

La tasa de supervivencia de los pacientes con estenosis aórtica grave es del 50% en 2 años tras la aparición de los síntomas, y del 20 % en 5 años. Una válvula enferma se puede reparar o sustituir mediante una intervención quirúrgica o procedimientos menos invasivos. Su médico le aconsejará el tratamiento más adecuado.

Tasa de supervivencia tras la aparición de los sintomas

2 años después

5 años después